31 de octubre de 2020
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Una llamarada solar se acerca a la Tierra

Se acerca de una eyección coronal de masa que podría afectar al sur del planeta, pero que no registrará graves consecuencias.

Una tormenta solar se acerca a la Tierra y es posible que «golpee» nuestro planeta entre este jueves y viernes, según han informado desde la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), una agencia del Departamento de Comercio de los Estados Unidos que también analiza el clima espacial. Sin embargo, a pesar de que el enunciado pueda parecer preocupante y muchos titulares estén prediciendo consecuencias catastróficas, lo cierto es que desde la NOAA se afirma que el rango de la tormenta solar es de G1, el más bajo de la clasificación. Por tanto, nada de un fin apocalíptico. De momento.

El pasado 16 de agosto se dio una eyección coronal de masa. «Sabes que una explosión [solar] es poderosa cuando tarda dos horas en desarrollarse. Una erupción solar de clase B1 tardó aún más. La explosión de 2,5 horas envió una poderosa onda de choque a través de la atmósfera del Sol», escribía Tony Phillips, astrónomo y científico de la NASA en un comunicado. Se trata de algo un poco más «raro» de lo normal en este momento, porque nos encontramos en un periodo de mínimo solar (el ciclo del Sol dura unos once años y marca los momentos de máxima y mínima actividad de nuestra estrella). Aún así, en periodos de menos actividad solar se da de media un CME cada semana -durante la época más activa pueden llegar a ser diarias-, por lo que no estamos ante una situación inédita.

Un escudo natural y bajas probabilidades de catástrofe

Aunque se dan gran número de erupciones solares -en más o menos cantidad, según el momento del ciclo solar en el que nos encontremos-, para que afecten a la Tierra, el «chorro» de partículas cargadas que se liberan tiene que estar dirigido a nuestro planeta. «Suelen ser como ‘francotiradores‘, no son como las ondas de choque que van asociadas a las eyecciones, que digamos son de ‘destrucción masiva’ porque abarcan más de 180 grados según se propagan; al contrario, estas tienen un radio de acción mucho más estrecho, pero dependen del ciclo solar: en un máximo hay más fulguraciones y más intensas, y cuando hay un mínimo, ocurre ahora mismo, hay menos y menos potentes», explica Rodríguez-Pacheco a ABC.

Aún así, nuestro planeta tiene una suerte de escudo contra este tipo de fenómenos, llamado campo magnético, que desvía las partículas dañinas y cargadas del viento solar. Aunque no podemos verlo, es posible observar su eficacia en las auroras boreales: ese vistoso espectáculo en realidad es nuestro campo magnético desviando las partículas altamente cargadas que provienen del Sol, impidiendo que lleguen a la superficie terrestre y tengan consecuencias para la vida en la Tierra.

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