En el cráter Jezero, este laboratorio cargado con instrumental científico, intentará determinar si alguna vez hubo vida en el planeta

Las primeras imágenes del Perseverance en Marte. Foto NASA.

Mientras los controladores de vuelo -mirando sus pantallas casi sin parpadear- calculaban las maniobras necesarias para superar los llamados 7 minutos de terror, el rover Perseverance, tras remover algunas capas del óxido de la superficie marciana, aterrizó en el cráter Jezero a las 17.56, hora local, en el borde occidental de la llanura Isidis Planitia.

El módulo ingresó a la atmósfera enrarecida de Marte, a una velocidad de 20.000 kilómetros por hora y en menos de 420 segundo, la sonda tuvo que desacelerar hasta los 2,7 kilómetros por hora.

Toda la maniobra estuvo envuelta en un guante de temperatura que alcanzó los 1.300 grados, sumado a las condiciones de un mundo bastante inhóspito para una operación tan precisa.

La telemetría del rover durante su descenso fue transmitida por la Mars Reconnaissance Orbiter (MRO), un satélite que sobrevuela Marte y que cumplió 16 años de operaciones. La MRO es la encargada de confirmar que la misión se completó con éxito y enviar las primeras fotos.

El as ganador que guardaba el Perseverance en su estructura metalizada era la carta de la experiencia de los anteriores aterrizajes.

“Ningún aterrizaje en Marte está garantizado, pero nos hemos estado preparando durante una década para poner las ruedas de este rover en la superficie del planeta”, disparó Jennifer Trosper, subdirectora de proyectos de la misión en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL).

Por quinta vez consecutiva –tras un viaje de 470 millones de kilómetros y casi siete meses de duración- la NASA depositó un nuevo laboratorio de reconocimiento en el suelo de Marte.

A diferencia de los cuatro rovers que lo antecedieron -Sojourner (1997), Spirit y Opportunity (2004) y Curiosity (2012)-, que eran meros exploradores de terreno, Perseverance es un verdadero laboratorio de investigación de seis ruedas y tres metros de largo. Fue desarrollado el JPL de la NASA.

Y si bien las estadísticas estaban a favor de esta misión, ya que de los 14 intentos de aterrizaje en el planeta, ocho han tenido éxito, todos ellos con el sello estadounidenses. De hecho, la NASA solo se equivocó una vez, en el 1999.

Un punto en el mapa
Los científicos de la misión Mars 2020 fijaron como meta el cráter Jezero, que lleva el nombre de una ciudad de Bosnia-Herzegovina. En algunos idiomas eslavos, la palabra “jezero” significa “lago”.

La presunción de los científicos es que ese punto geográfico era una cuenca que desembocaba en un lago y depositaba sedimentos en forma de abanico, como los deltas que se forman en la Tierra.

Jezero muestra múltiples tipos de rocas, incluidas arcillas y carbonatos, que tienen el potencial de preservar el tipo de moléculas orgánicas que insinuarían la existencia pasada de la vida.

Y si bien el agua desapareció hace 3.500 millones de años, en algún reborde dentro de este cráter de 45 kilómetros de ancho, o quizás a lo largo de su borde de 610 metros de altura, haya biofirmas: evidencias de que la vida alguna vez se desarrolló en el planeta.

Fuente: Clarin